Plumas de Tinta y Sor Juana Inés de la Cruz.

Sobre el proyecto Adopta una autora y mi escritora adoptada.

Hace tiempo me encontré este proyecto navegando por internet, que consiste en elegir a una escritora y escribir sobre ella (en mi caso en mi blog) para así  difundir su vida y obra,  durante un periodo de tiempo prolongado. Me pareció una genial idea; primero, porque cuando reflexioné sobre lo que he leído, me di cuenta que he leído más a autores masculinos que a autoras femeninas,  y segundo,  porque podemos  lograr  rescatar sus voces del olvido y darle impulso a las grandes obras compuestas por mujeres. Si les interesa conocer más entren a  Adopta una autora

Mi autora adoptada es Sor Juana Inés de la Cruz, la elegí porque me gustaría tratar de reflexionar sobre una mujer que contribuyó al desarrollo de las letras hispanoamericanas. Aunque han pasado más de 300 años de su muerte, su obra sigue vigente, así como su vida dando de qué hablar.  Lo que he leído de ella he de confesar que es poco, pero suficiente para querer aprender más sobre ella. En el pasado llegué a leer su más célebre poema “Hombre necios que acusáis”, el cual expresa el sentimiento de la época y defiende a la mujer, habla sobre las injusticias a las que está expuesta. En el poema emplea las redondillas (estrofa castellana), y la primera parte va así:

Hombre necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis.

Otra estrofa del mismo poema habla sobre los prejuicios que caían sobre las mujeres:

Siempre tan necios andáis

que con desigual nivel

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis.

 

Un poco más de la vida de Sor Juana Inés de la Cruz.

Juana Inés nació en México en el siglo XVII, fue una escritora mexicana que se tuvo que enfrentarse a muchos obstáculos por ser mujer y por estar dedicada a la vida religiosa. Desde niña fue muy inquieta e inteligente, ella misma dijo que aprendió a leer y escribir a la edad de tres años. Estudió filosofía, teología, así como clásicos griegos y romanos. Estuvo en la orden de las Jerónimas, en donde pudo dedicarse al estudio y a la escritura por completo, sin tener compromisos con un esposo o hijos.

Fue apoyada por los Marqueses de Mancera y las Virreinas, con quienes tuvo una estrecha amistad. Escribió bajo encargos y por gusto, llegando a tener una gran biblioteca en su celda. Su repertorio de obras es amplio y varias llegaron a publicarse en su época, tanto en la Nueva España como en Europa. Escribió desde villancicos, coplas, sonetos, obras musicales (porque tocaba instrumentos), poesías, comedias de teatro, romances, opúsculos filosóficos, teología y más.

juana_ines_15 años

Aquí tenía 15 años, antes de entrar a la vida religiosa.

Sobre la “Carta de Sor Filotea de la Cruz” y su respuesta como reivindicación de la mujer.

Como era de esperarse, fue duramente criticada por ser una  mujer pensante y por sus escritos. Principalmente por el obispo de Puebla,  que publica una carta dirigida a Sor Juana, bajo el pseudónimo de “Sor Filotea de la Cruz”, en ella le dice que a pesar de su talento sería conveniente que se dedicara a la vida monástica debido a su condición de mujer, antes que a la de reflexión filosófica, reservada para los hombres. Pareciera un manual de cómo la mujer debería comportarse en un mundo gobernado por hombres.

Sor Juana escribe una respuesta a la carta, en la cual es posible ver su forma de pensar y parte de su vida, así mismo, su gran amor por las letras y el estudio desde pequeña. Escribe  que le era imposible no reflexionar, ya que hasta en las cosas más simples, como la cocina, encontraba la filosofía: “¿qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? […]: Sí Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”.  Llevar a Aristóteles a la cocina demuestra su voluntad e ímpetu por las letras. Para ella no reflexionar y estudiar era algo innato, continuamente sentía  una “compulsión por saber”. Así mismo, habla sobre las mujeres que llegaron a escribir grandes obras y a estudiar, y defiende su condición de mujer, pues dice que el conocimiento “no sólo les es lícito, sino muy provechoso”.  Sin embargo, la carta la afecto bastante y se dedicó al servicio de sus hermanas de claustro, falleciendo atendiendo a las enfermas durante el brote de cólera en 1695.

Sorjuanainesen la cocina

Filosofando con huevos, en la cocina.

 

Algunas de las obras más conocidas de Sor Juana Inés  de la Cruz:

  • Un gran repertorio de poemas: sonetos, redondillas, romances, endechas, liras, glosa, décimas.
  • Los empeños de una casa
  • Amor es más laberinto
  • San Hermenegildo
  • El cetro de San José
  • El divino Narciso

Despedida:

Espero que les haya gustado saber un poco más de la vida de esta escritora mexicana, que se enfrentó a grandes obstáculos en su vida y logró sortear la mayoría. Y para terminar me despido con sus palabras: “Ahora me piden que sea otra de la que soy, que me corte la lengua, que me nuble la vista, que me ampute los dedos, el corazón, que no piense, que sienta más que lo que es menester y propio de una religiosa, de una esposa de Cristo. ¿Quién ha decidido que no pensar es propio de la mujer del Altísimo?”

 

 

 

 

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Juan Rulfo

En el pasado había leído algunos cuentos de Juan Rulfo, primero porque es un escritor mexicano, en específico de Jalisco y segundo porque muchas personas me decían que su lectura era imprescindible. Sin embargo no me había dado la oportunidad de leerlo desde su contexto, es decir, gracias a un taller literario dirigido por Yolanda Zamora, al cual estoy  asistiendo, he tenido la oportunidad de reflexionarlo: de entender quién es Juan Rulfo, el por qué escribió lo que escribió y saborear sus palabras.

Juan Rulfo fue un escritor latinoamericano del siglo XX, conocido principalmente por haber escrito “El Llano en llamas” y “Pedro Páramo” entre otros. Sus obras nos remiten principalmente a la muerte, como consecuencia de su historia de vida, que es la muerte de su padre y su madre a temprana edad; así como a  la situación tanto política y social que pasaba el país (mediados del siglo XX) dentro del contexto pos- revolucionario. Juan Rulfo, no es un escritor que necesite novelas extensas y de muchas palabras, sino que logra transmitir en pocas palabras un mundo lleno de sentimientos. En lo personal leerlo me transporta a un lugar lleno de sentimientos, de nostalgia, de sarcasmo, de ironía y principalmente al campo, porque él se inspira en el campo y en los recuerdos que tiene de su infancia y adolescencia.

El “El Llano en llamas” está compuesto por 17 cuentos; hoy mencionaré dos: “¡Diles que no me maten!” Y “Nos han dado la tierra”. En “Nos han dado la tierra” Juan Rulfo habla de las promesas revolucionarias  incumplidas (repartición de tierras, búsqueda de igualdad, fin de la dictadura, etc.) en donde un grupo de campesinos se encuentra vagando en un llano, un lugar árido donde supuestamente tienen que sembrar y es la tierra que les tocó para trabajar; nadie, mucho menos el delegado escucha sus quejas. Les transcribo un párrafo que describe claramente la situación: “Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol, eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tepetate para que la sembráramos.”(Juan Rulfo, El llano en llamas, Ed. RM y Fundación Juan Rulfo, México, 2016,p.9)

En “¡Diles que no me maten!” habla de un campesino que se la pasó toda la vida huyendo de un asesinato que cometió, asesinato desencadenado porque su compadre (el finado) no dejó que el ganado del campesino entrara a pastar a sus tierras. Es un cuento donde la muerte se hace presente en todo momento, y cómo el campesino huye toda la vida de esta, pero termina por no vivir la vida, por pasársela todo el tiempo con el hacha al cuello. Así mismo, habla, de cómo la venganza en muchas ocasiones corroe toda una vida y que tarde o temprano nuestras acciones terminarán teniendo consecuencias.  Juan Rulfo nos remite a parte de su vida, en cómo su padre murió por el mismo problema y cómo muchas veces él se llegó a sentir, describiéndolo en el personaje del Coronel que mandó buscar al campesino para fusilarlo; “Esto, con el tiempo, parece olvidarse. Lo que no se olvida es llegar a saber que el que hizo aquello está aún vivo, alimentando su alma podrida con la ilusión de la vida eterna. No podría perdonar a ése, aunque no lo conozco; […]. No puedo perdonarle que siga viviendo. No debía haber nacido nunca.” (Juan Rulfo, El llano en llamas, Ed. RM y Fundación Juan Rulfo, México, 2016,p.96)

En conclusión leer a Juan Rulfo será todo un viaje al pasado y al presente al mismo tiempo, una lectura que está de más recomendarla.